lunes, 20 de abril de 2015

CAPÍTULO 2 ( 3º parte)

                Después de despedirnos, cada una tomó pasillos opuestos. A veces mi amiga me trataba como una niña pequeña que necesita protección, pero era reconfortante tener a alguien como ella.

            De camino a clase de biología, intenté concentrarme en pensar en otra cosa que no estuviese relacionado con nada de lo que me había ocurrido a lo largo de la mañana. Seguía pensando que seguía en un sueño, pero incluso el dolor de los pellizcos era demasiado real como para pensar que fuese producto de mi imaginación. Decidí evadir mi mente contando los pasos que había desde mi posición hasta clase. Muchas veces contar me relajaba. Después de llevar más de cien pasos, comprendí que no sería posible pensar en otra cosa.

            Probé con otra posibilidad: concentrarme en el examen de ayer. Había comprobado la tarde anterior mis respuestas con los apuntes. Tenía muchas cosas en común, pero había algunos detalles que se me habían pasado por alto. Espero que sea sinónimo de un nueve o algo muy parecido.

            Mis padres parecen unos discos rallados cuando surge el tema de exámenes. Quieren que me esfuerce al máximo para poder ir a la universidad que quiera. Pero muchas veces la pereza y la desorganización me pueden. De acuerdo, no le dedico suficiente tiempo al estudio, pero de momento me va bien. Mi madre siempre está con la misma cantinela que no me confíe que si no me pasará factura dentro de unos años. Todos los días me propongo ser más ordenada y es raro el día que lo consigo.

            En el fondo sé que mis padres están orgullosos, pero saben que pudo esforzarme mucho más y mis exámenes de nueve se podrían convertir en matrícula como Caitlyn. Sin embargo; tampoco quiero obsesionarme por tener una nota media de diez. Ojalá pudiese complacerlos, pero normalmente me equivoco en alguna tontería.  Desde que empecé el instituto llevo una media muy buena.

            El tiempo pasa más rápido de lo que me imaginaba. Parece que era ayer cuando aún era una niña menuda como mi hermana. Con  coletas a los lados, un cuerpecito delgado y plano como una tabla de planchar; y hierros en la boca por culpa de dientes apiñados. -Ahora  estoy muy agradecida de haber llevado la ortodoncia.- Sin embargo, ya no tengo las mismas aspiraciones ni las mismas preocupaciones de entonces. La vida cambia.

            Cada día que pasa, los problemas se van haciendo más complicados y te das cuenta que lo que ayer te parecía un mundo, hoy parece un juego de niños. A veces desearía seguir siendo esa niña pequeña de hace unos años. Poder cantar canciones infantiles que al escucharlas se queda grabado en la mente durante una larga temporada. Enfadarse por quién se ha comido tu última chocolatina. Jugar a las muñecas, a pillar o a la cuerda. Pero no es posible ser eternamente niños como Peter Pan. Pues el tiempo se impone a nuestros deseos.

            Cuando vuelvo de mis pensamientos; me doy cuenta que he llegado a la clase de  biología de una forma autómata. Esquivando gente por los pasillos, subiendo escaleras, intentando no chocarse con los extintores o puertas (como otras  veces me ha sucedido y sin estar en mi mundo). Al menos he desconectado un momento de la locura. Voy directa a mi sitio habitual. Una mesa que hay en la tercera fila y pegada a la ventana. Desde allí escucho fascinada las explicaciones del profesor Jenkins.

CONTINUARÁ...

martes, 3 de marzo de 2015

CAPÍTULO 2 (2º parte)

            -Supongo que soy muy mayor para ese tipo de celebraciones. Me imagino que si no ha dicho nada sería porque estaba mi hermana pequeña y lo más probable es que no haya querido asustarla. Esta noche hablaré con ella en privado. Porque...

            -¡Oye! ¿Desde cuándo llevas lentillas de colores?-  me preguntó, interrumpiendo lo que le iba a decir.- Tú no tienes los ojos azules, los tienes marrones. Vamos si no me equivoco. Sí que te las colocas rápido porque hace un momento sino me falla la memoria tus ojos eran normales…

            -¿Cómo que azules? ¿Ves bien o vamos al oculista?  Siempre los he tenido marrones y siempre serán marrones-le contesté extrañada a las palabras de Caitlyn.

            -Pues ahora tus ojos son azules. Parce mentira que dudes de mi palabra y veo perfectamente.

            -¡Imposible!

            Cada vez me extrañaba más lo que me decía Caitlyn. No puede ser cierto, yo nunca he tenido los ojos azules  y aún menos me he puesto lentillas porque ya lo intenté una vez para una fiesta de disfraces y, al final, acabaron en la basura, de lo incómodas que eran.

            -Caitlyn, a veces deliras un poco y sabes que es cierto.

            -Si no me crees vamos a los lavabos y lo ves-me dijo Caitlyn, agarrándome del brazo para que me diese prisa.

            -Mmmm…Bueno vale, quiero comprobarlo. Ahora suéltame el brazo que no creo que me pierda.

            Fuimos directas a los lavabos, aún no me creía semejante idea. Pero allí delante del espejo, mi aspecto había cambiado. La chica que acostumbraba a ver reflejada en el espejo tenía algo diferente. Los ojos ya no eran los suyos. Parecían los de otra chica.

            Eran azules celestes como en un día claro de verano con rayitas azul marino alrededor de la pupila. Pero en esos instantes aquellos iris tan bonitos que tenía mi reflejo, empezaron a oscurecerse. Como un pintor que prueba y hace mezclas en tonos morados  hasta  dar con el color exacto, un tono lavanda claro con motas azul medianoche.

            ¿Cómo era posible que mis ojos empezaran a cambiar de color? ¿Cuál era el motivo de aquellos inesperados cambios? ¿Seguiría soñando? ¿Habría más personas con este problema?  ¿Alguien me creería si le digo que mis ojos cambian de color?

            -No sé Dianne lo que has  desayunado esta mañana o qué narices has hecho, pero no es muy normal que te cambien  los ojos de esta forma. ¿Me crees ya?

            -Sí, sí pero ¿cómo es posible? No sé si serán alucinaciones nuestras, pero normal no es. Y esto está empezando a preocuparme.

            Ya no me reconocía enfrente del espejo. Aquella Dianne, que solía ver con su pelo negro que caía en tirabuzones y rizos  hasta un poco más debajo de los hombros, con sus ojos marrones como la miel y ocultos en unas gafas de pasta negra; había desaparecido. Algo en mi interior me decía que sería para siempre.

            Ante el espejo se alzaba el rostro de una chica con ojos que  le iban cambiando en tonalidades frías con una secuencia de tiempo y colores totalmente aleatoria. El pelo era incluso más claro de lo habitual. No era el negro azabache de siempre sino era un tono tirando más a castaño oscuro. Por lo menos mis labios y dientes blancos y  alineados después de tantos años llevando ortodoncia dental, no habían sufrido ninguna transformación. También seguía igual de alta y con mis curvas características.

            En esos momentos acababa de sonar el timbre del instituto que indicaba que el patio  había finalizado. Lo que  significaba también que ya no podría volver a hablar con Caitlyn hasta que no saliésemos del instituto porque cada una tenía clases diferentes en las siguientes horas.

            -Dianne, si tienes algún problema, avísame. Llevo el móvil encima y cuidado con los demás. Después nos vemos.


            -Sí pesada, yo también llevo el móvil. ¿Qué más me puede suceder hoy?  


CONTINUARÁ....

lunes, 16 de febrero de 2015

CAPÍTULO 2 ( 1º parte )


            -¿Me estás tomando el pelo?  Porque no veo normal lo que te ha ocurrido esta mañana. Nunca te ha sucedido nada de eso.

            - Ya lo sé Caitlyn. Estoy preocupada. Ojalá te estuviese tomando el pelo. 

            - Bueno lo importante es que ahora estás bien y más fresca que una rosa. –Me dijo Caitlyn mientras me daba un abrazo. 

            Caitlyn es mi mejor amiga, nos conocemos desde que íbamos a la guardería. Siempre me ha ayudado en todo lo posible y sé que  estará a mi lado, pase lo que pase y viceversa. O por lo menos siempre lo hemos prometido y de momento lo seguimos cumpliendo.

            Para mi punto de vista, su físico y su carácter están muy relacionados. Aunque ella lo niegue, sabe que es verdad. Posee un cuerpo que muchos desearían tener. Mide alrededor del metro setenta y cinco; es delgada y bien proporcionada. Sus ojos son de color pardo, lo que le dan un toque exótico a su mirada.  Tiene una sonrisa deslumbrante enmarcada por unos labios carnosos. No obstante, lo que más me gusta de su físico es su cabello. Lo tiene de un color fuego además, le cae en ondas hasta la mitad de la espalda. Su pelo y su mirada le proporcionan un aspecto indomable y valiente; tal y como es ella. Aunque también posee un lado cariñoso y tierno que sólo comparte con sus seres queridos.

            Muchas veces le he comentado que podría ganarse la vida como modelo, pero ella suele acabar enfadada. Dice que no busca agradar a los demás con su apariencia, lo único que busca es sentirse bien consigo misma. A demás afirma que vivimos en una sociedad donde  los estándares de belleza están muy explotados y la mayoría de la población  no cumple esos requisitos. Las modelos  solo las valora  la sociedad por su estética y no por su forma de ser. La verdad es que tiene razón en estos aspectos.

            Mi amiga es muy inteligente. Durante tres años consecutivos su media de final de curso era de matrícula de honor, pero al año siguiente no pudo continuar con sus perfectas calificaciones porque el  profesor de historia le había puesto un nueve de nota final, todo a causa de no que no pudo asistir a clase unos días  por haber estado unos días enferma y que según él se  había relajado en su asignatura.  Todo su esfuerzo en el ámbito  académico y en intentar obtener unas notas excelentes es porque desde pequeña ya tenía claro cuál iba a ser su futuro. Ingeniera aeronáutica como su padre. Su habitación es el reflejo de su vocación, siempre ha estado repleta de imágenes de aviones y una gran infinidad de libros relacionados con la aeronáutica.
           
            -Gracias por tu apoyo.- Le dije al mismo tiempo que intentaba sonreír, pero no pude.

            -No pongas esa cara, que no es el fin del mundo. Ya verás cómo hoy vas vivir un día estupendo, te lo aseguro. Y cuando te vayas a dormir intenta soñar con cosas bonitas. ¿Por qué no sueñas por ejemplo que nos toca la lotería? Por lo menos así podríamos invertir el dinero en alguna cosa de provecho. -No pude contener la risa después de su comentario.

            -Ojalá pudiese yo misma elegir  lo que sueño. La verdad es que intento dormirme pensando en cosas bonitas y relajantes, pero después todo se torna en una pesadilla o en sueños inverosímiles.  Creo que sería un gran logro para mí en estos momentos poder dormir más de cuatro horas seguidas.

            -Eso no lo debes hacer, necesitas descansar. ¿Cuánto tiempo crees que puedes seguir así? Si normalmente en época de exámenes son muy estresantes por la falta de sueño y sobrevivimos a base de cafeína.  Por cierto, felicidades.

            -Gracias Caitlyn por acordarte de mi cumpleaños. - Las dos nos fundimos en un gran abrazo.

            -¿Pensabas que me había olvidado de una fecha tan importante?- Me miró un instante y se dio cuenta que había sido la primera en acordarse de mi aniversario. Su cara mostraba una mezcla  de decepción y alegría.- Nadie se ha acordado, ¿verdad?

            -Nadie, ni mis padres, ni mi hermana, ni los compañeros de clase;  pero no pasa nada. No me gustan las celebraciones y con todo el lío del sueño hasta yo misma me había olvidado. Mis cumpleaños siempre vienen acompañados de malos presagios como tres exámenes para ese día, incidentes que terminan con extremidades escayoladas, objetos perdidos o sucesos por el estilo. Así que este año he decidido que no quiero celebrar que soy un año más mayor.

            - Hija, hoy te has levantado melancólica y gruñona. Alegra esa carca de mustia. Que diecisiete años no se cumplen todos los días. Hay una cosa que me acaba de encajar en este rompecabezas que es tu vida - me dijo Caitlyn un poco desconcertada.

            -¿Qué pieza no te encaja?  Si todo está muy claro: mi vida es un desastre. No tengo todavía coche propio y mis padres sólo me dejan conducir si voy con un adulto responsable.

            -No exageres que tu vida es un desastre porque hay personas que viven una situación muchísimo peor. Pero no nos desviemos del tema principal. ¿Te has fijado en la reacción de tu madre?  Ha sido un poco extraña, ¿no crees?

            -Ya, lo sé, nunca se había comportado de ese modo.- Siempre he sido el ojito  derecho de mi madre, hasta que nació mi hermana y ella ocupó mi lugar. Pero hasta ese momento creía todo lo que le contaba. Incluso cuando creía ver sombras de personas que me observaban dormir, ella venía a mi rescate y dormía el resto de la noche conmigo mientras me mecía entre sus brazos. Después del nacimiento de Sophie, creé unos vínculos más fuertes con mi padre. Pero esa mañana mi madre no  nos había creído. También estaba muy tranquila con sus papeles, cuando la susodicha es una persona que ama el orden y la limpieza y le dicen que se ha ensuciado algo.

            -A mí me parece que tu madre sabe más de lo que os ha hecho creer. Yo pienso que  oculta algo. Además se ha olvidado de tu cumpleaños,  no es muy típico en ella que todos los años te despierta con el desayuno en la cama con una gran sonrisa.


            -Supongo que soy muy mayor para ese tipo de celebraciones. Me imagino que si no ha dicho nada sería porque estaba mi hermana pequeña y lo más probable es que no haya querido asustarla. Esta noche hablaré con ella en privado. Porque...

CONTINUARÁ...

lunes, 5 de enero de 2015

CAPÍTULO 1 ( 5º parte)

           Horrorizadas por lo que acabábamos de ver, fuimos corriendo a buscar a nuestra madre. Mientras, la sangre se iba derramando por mi cuerpo como un río que busca  su muerte al llegar a su destino. El suelo. Pero cuando llegamos y se lo contamos todo, nos dijo que menuda imaginación teníamos las dos. Así que decimos enseñarle la herida. Por si aún no la había visto sobre mi pecho desnudo, pero sólo quedaba un pequeño puntito de sangre.

            No había ni rastro de aquel corte que tanto nos había asustado ni el suelo estaba manchado. ¿En qué momento había dejado de sangrar? Tampoco era lógico que  cicatrizase tan pronto una herida que me recorría el centro del pecho a y dos o tres centímetros de profundidad. Ahora solamente quedaba una pequeña e insignificante mancha de sangre que finalmente con el tiempo se iría. Tampoco había rastro de toda aquella sangre que había brotado desde mi interior. Nada. Todo se había esfumado como un sueño. ¿Qué está ocurriendo? ¿Sigo soñando?

            Aquello nos superaba con creces, sobre todo a Sophie que no daba crédito a lo que veían sus ojos. Ahora asustados con un atisbo de incredulidad. La  comprendía perfectamente. Yo también estaba asustada.

            -Pero, pero… si antes…era, era enorme y ahora… no hay, hay rastro…una manchita…sólo. Tampoco…hay...sangre-balbuceaba Sophie a nuestra madre.

            -Venga niñas acabad ya con vuestras imaginaciones  matinales y terminad de prepararos para el colegio. Que siempre encontráis algo para llegar tarde a todos los sitios.

            En otras circunstancias, nuestra madre nos habría creído y después me habría castigado a limpiarlo todo por haberlo ensuciado  y a Sophie la habría reñido por decir mentiras. A parte de recriminarnos que éramos las únicas culpables de alterarle los niveles de la tensión. Sin embargo esta vez, era diferente. Allí sentada en una silla de la cocina, mientras se tomaba un vaso de leche con café descafeinado y leía algunos informes de su trabajo, parecía más tranquila de lo normal. Aquello era una señal evidente de que mi madre sabía más de lo que quería hacernos creer.

-De acuerdo Susan, no te preocupes. Sólo ha sido una broma que le he gastado a Sophie para que la próxima vez se atenga al horario del baño y me deje tranquila.- Con el tiempo he aprendido a jugar mis cartas de la mejor manera posible y esta era una situación que requería jugar al despiste y a las dobles intenciones y por su expresión facial deduje que había entendido mis intenciones.

            Sus grandes ojos color castaño oscuro denotaban cierto nerviosismo mientras fruncía sutilmente los labios. Sabía que era extraño que la llamase por su nombre; normalmente significaba dos cosas, o que algo no iba bien o necesitaba que hablásemos en privado.  

            Mi madre se llama Susan Evans. Físicamente, no aparenta más de treinta años; se nota que está fibrada y su piel es tersa y libre de arrugas para tener cuarenta y cinco años. Todos los días se marcha a correr con mi padre antes de que salga el sol. Ambas tenemos una estatura casi similar, ella es unos centímetros más baja que yo. A veces, la gente nos dice si somos hermanas. Su pelo castaño suele estar recogido con algunas pinzas mientras que los rizos y mechones más rebeldes se escapan de estar sujetos con lo que le da un aire mucho más desenfrenado  a su media melena.  Sus labios rojizos cálidos son algo finos, pero ocultan el mayor tesoro de mi madre: su sonrisa. O eso es lo que nos suele contar nuestro padre; dice que una de las cosas por las que se enamoró de mamá fue por su sonrisa porque cuando sonríe se le detiene el tiempo. A veces a mi padre le sale la vena romántica.

            No es sólo el físico lo que la convierte en una excelente persona sino su interior. Es una luchadora con mayúsculas. Su vida nunca fue de color de rosa, siempre tuvo que  esforzase mucho para alcanzar sus metas.

            Su primer revés en la vida fue dejar a toda su familia en España cuando sólo tenía seis años por motivos laborales y familiares de su padre. Al poco tiempo de haberse adaptado a su nueva situación en la costa este de América y haber hecho algún que otro amigo, presenció uno de sus peores recuerdos. La muerte de su padre.

             Fue en su noveno cumpleaños, cuando Philip llevaba una tarta de chocolate con nueve velas encendidas y, delante de los ojos de su hija y su mujer, caía desplomado machándolo todo de un agrio chocolate. Más tarde las autoridades sanitarias informaron a mi abuela María que la muerte de su marido fue causada por una parada cardiorrespiratoria fulminante. Mi madre nunca ha vuelto a celebrar su cumpleaños.

            Como consecuencia, mi abuela  decidió volver con mi madre a España de forma definitiva debido a que no tenían familiares que las ligasen a ese hogar, ni su esposo ni la madre de éste que fue uno de los motivos de dejar las tierras españolas, se encontraban en el mundo de los vivos. En esos momentos todo parecía estar cubierto por un espeso manto de dolor, tristeza y desgracia.

            No todo fueron malas noticias para mi abuela y mi madre. Al poco tiempo de instalarse en su antigua casa,  María se enteró que estaba en estado. Creía que era un milagro. Casi ocho meses más tarde después de saber la buena nueva, nacía mi tío Luis. Mi abuela suele bromear que parte del alma de su marido la tiene mi tío ya que son idénticos si comparas fotografías de ambos. También muchos gestos y expresiones que hace Luis de forma inconsciente son iguales que las que utilizaba Philip cuando aún estaba con vida.

            A mi madre solían llamarle ratita de biblioteca porque siempre iba con algún libro entre las manos. Todos los bibliotecarios de la biblioteca municipal le habían cogido cariño a la niña ávida de libros científicos. Cuando le preguntaban el motivo de leer esos libros tan difíciles para tener diez años, ella les contestaba que se estaba entrenando para buscar la fórmula de la  inmortalidad y que no se muriese la gente de forma repentina como su papá.

            Los años pasaron y la falta de recursos económicos se fue notando. Un solo sueldo no era suficiente como para sacar a flote a una familia. Por eso mi madre, después de clases se iba a trabajar en un quiosco que estaba al lado de su casa. Sabía que no era gran cosa, pero toda ayuda era buena para ayudar a mi abuela a pagar los recibos o para comprar  una simple barra de pan.

            En todo ese transcurso de tiempo, Susan no dejó nunca de estudiar y con la recolecta que hicieron los habitantes del pequeño  pueblo donde vivía pudo ir a la universidad. Allí muchos catedráticos que le impartieron clase se dieron cuenta que era un diamante en bruto.  Uno de ellos le pagó el resto de sus estudios, decía que debía de hacerlo porque Susan llegaría muy lejos si nadie le cortaba las alas. Y no se equivocó mucho. Nada más licenciarse en ingeniería genética una multinacional muy potente que tenía la sede en Nueva York la contrató. Afirmaban que mi madre sería esencial para el nuevo proyecto en el que estaban trabajando.

            A día de hoy mi madre sigue trabajando en la multinacional y pudo devolver todo el dinero que le prestaron para alcanzar su meta. Aunque tuvo que volver a dejar su tierra natal otra vez, no le ha ido muy mal. Mi abuela viene varias veces al año a visitarnos y gracias a una de esas visitas mis padres pudieron conocerse. Otra larga historia añadida en el currículum de mi madre.

          -Pero, pero mamá… está mintiendo... yo lo he visto con mis propios ojos....había sangre y, y… -continuaba mi hermana balbuceando casi a punto de llorar de impotencia y en un estado elevado de conmoción.

           -Por favor, Sophie no continúes. Tenéis diez minutos para estar preparadas si queréis que os lleve a clase. Y sobre este tema ya hablaremos esta noche cuando estemos todos.- Respondió mi madre tajantemente; al  mismo tiempo dejaba la taza del café en el lavavajillas, recogía todos los documentos que tenía esparcidos sobre la mesa y los guardaba en su carpeta. Acto seguido se dirigió hacia el cuarto de baño de su dormito para acabar de acicalarse.

           -Vamos princesita, no estés así que aún quedan cosas que hacer antes de ir al cole.- le dije a mi hermana después ese instante de incertidumbre.

          -¿Por qué no lo ha visto? Pero era enorme…
  Se me partía el alma cuando mi hermana mostraba su lado más vulnerable y frágil. Por muchas riñas que tuviésemos al largo del día y querer ser mejor que yo en todo lo que se propone; no podía negar que a veces la sangre une más que la razón. Es mi hermana y no hay motivos para no quererla con locura aunque no se lo diga muy a menudo.

          -Mira yo tampoco lo sé, pero lo que no debes hacer es darle importancia. Otra cosa no le  cuentes a nadie nada de lo que has visto esta mañana hasta que hablemos esta noche. A parte te tomarían por loca o ¿tú quieres eso?

         -¡Pero no estoy loca! Tú estabas...

         - A veces no siempre la gente se cree algunas cosas porque no tiene ese don para ver cosas fuera de lo normal. Sólo las ven personas especiales como tú. - Le decía mientras le toca la nariz en un gesto cariñoso y una sonrisa se le dibujaba en su cara.

         -Te quiero.- Me decía al tiempo en el que me abrazaba. Aquel día había demasiadas muestras de efusión, cosa que no se ve muy a menudo por parte de ella. Parece estar algo confusa todavía.
-Y  yo a ti  princesita. Ahora venga. Si no quieres que se  ponga furiosa mamá. Por cierto, prométeme que esto será nuestro secreto privado. ¿Promesa de meñique?

         -De acuerdo. Promesa.

            Acto se seguido, me daba  un beso en la mejilla y yo se lo devolvía y la vi cómo se alejaba por el pasillo con tanta felicidad que parecía  sorprendente mientras que en mi rostro se dibujaba una sonrisa.


FIN DEL CAPÍTULO 1

Disculpas

Perdonad por estos  últimos meses que no he publicado nada, he tenido problemas personales que me han impedido publicar con más frecuencia. Espero que este año  que hemos empezado pueda publicar con más frecuencia.
 Ahora mismo subiré otra entra con la que espero que disfrutéis ;)
María José