martes, 3 de marzo de 2015

CAPÍTULO 2 (2º parte)

            -Supongo que soy muy mayor para ese tipo de celebraciones. Me imagino que si no ha dicho nada sería porque estaba mi hermana pequeña y lo más probable es que no haya querido asustarla. Esta noche hablaré con ella en privado. Porque...

            -¡Oye! ¿Desde cuándo llevas lentillas de colores?-  me preguntó, interrumpiendo lo que le iba a decir.- Tú no tienes los ojos azules, los tienes marrones. Vamos si no me equivoco. Sí que te las colocas rápido porque hace un momento sino me falla la memoria tus ojos eran normales…

            -¿Cómo que azules? ¿Ves bien o vamos al oculista?  Siempre los he tenido marrones y siempre serán marrones-le contesté extrañada a las palabras de Caitlyn.

            -Pues ahora tus ojos son azules. Parce mentira que dudes de mi palabra y veo perfectamente.

            -¡Imposible!

            Cada vez me extrañaba más lo que me decía Caitlyn. No puede ser cierto, yo nunca he tenido los ojos azules  y aún menos me he puesto lentillas porque ya lo intenté una vez para una fiesta de disfraces y, al final, acabaron en la basura, de lo incómodas que eran.

            -Caitlyn, a veces deliras un poco y sabes que es cierto.

            -Si no me crees vamos a los lavabos y lo ves-me dijo Caitlyn, agarrándome del brazo para que me diese prisa.

            -Mmmm…Bueno vale, quiero comprobarlo. Ahora suéltame el brazo que no creo que me pierda.

            Fuimos directas a los lavabos, aún no me creía semejante idea. Pero allí delante del espejo, mi aspecto había cambiado. La chica que acostumbraba a ver reflejada en el espejo tenía algo diferente. Los ojos ya no eran los suyos. Parecían los de otra chica.

            Eran azules celestes como en un día claro de verano con rayitas azul marino alrededor de la pupila. Pero en esos instantes aquellos iris tan bonitos que tenía mi reflejo, empezaron a oscurecerse. Como un pintor que prueba y hace mezclas en tonos morados  hasta  dar con el color exacto, un tono lavanda claro con motas azul medianoche.

            ¿Cómo era posible que mis ojos empezaran a cambiar de color? ¿Cuál era el motivo de aquellos inesperados cambios? ¿Seguiría soñando? ¿Habría más personas con este problema?  ¿Alguien me creería si le digo que mis ojos cambian de color?

            -No sé Dianne lo que has  desayunado esta mañana o qué narices has hecho, pero no es muy normal que te cambien  los ojos de esta forma. ¿Me crees ya?

            -Sí, sí pero ¿cómo es posible? No sé si serán alucinaciones nuestras, pero normal no es. Y esto está empezando a preocuparme.

            Ya no me reconocía enfrente del espejo. Aquella Dianne, que solía ver con su pelo negro que caía en tirabuzones y rizos  hasta un poco más debajo de los hombros, con sus ojos marrones como la miel y ocultos en unas gafas de pasta negra; había desaparecido. Algo en mi interior me decía que sería para siempre.

            Ante el espejo se alzaba el rostro de una chica con ojos que  le iban cambiando en tonalidades frías con una secuencia de tiempo y colores totalmente aleatoria. El pelo era incluso más claro de lo habitual. No era el negro azabache de siempre sino era un tono tirando más a castaño oscuro. Por lo menos mis labios y dientes blancos y  alineados después de tantos años llevando ortodoncia dental, no habían sufrido ninguna transformación. También seguía igual de alta y con mis curvas características.

            En esos momentos acababa de sonar el timbre del instituto que indicaba que el patio  había finalizado. Lo que  significaba también que ya no podría volver a hablar con Caitlyn hasta que no saliésemos del instituto porque cada una tenía clases diferentes en las siguientes horas.

            -Dianne, si tienes algún problema, avísame. Llevo el móvil encima y cuidado con los demás. Después nos vemos.


            -Sí pesada, yo también llevo el móvil. ¿Qué más me puede suceder hoy?  


CONTINUARÁ....

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